Nuestro pequeño campeón

 En Desde el principio

Hola!

Una vez que os he contado en qué consiste una Fecundación in Vitro (FIV), os voy a contar cómo fue nuestra primera FIV.

Fue como una montaña rusa, con sus subidas y sus bajadas.

Empecé con la píldora a principios de enero (2015) y a los 15 días de estar tomándola fui a hacerme análisis y una ecografía. Al principio parecía que dudaban un poco (bajón porque quería empezar cuanto antes), pero al final me dijeron que estaba todo bien y que empezábamos con los pinchazos (subidón porque ya empezábamos).

Dejé de tomar la píldora para que me bajara la regla y a los 5 días empecé con los pinchazos. El primer día vino mi hermana porque yo quería que nos enseñara a pincharnos bien, y luego se encargaba Miguel porque a mí me daba cosa pincharme y así también él participaba en esta parte del tratamiento. A los 7 días de estar pinchándome fuimos a consulta y dijeron que tenía 8 folículos (dentro de los folículos están los óvulos). Me pautaron la última medicación. En total me pinché 8 días (subidón porque fue rápido y ya faltaba poco).

El décimo día llegó la punción. Fuimos los dos con Mariuca, mi mejor amiga, que al igual que en las demás consultas, siempre nos acompañaba. Ingresé a primera hora en el hospital de día y rápidamente me bajaron a quirófano. Allí les dejé a Mariuca y Miguel esperando. En el quirófano enseguida me durmieron mientras me hacían contarles mis últimas vacaciones… lo siguiente que recuerdo es despertándome y preguntando si todo había ido bien. Me dijeron que sí (lógicamente para no preocuparme), pero no había ido nada bien. Miguel y Mariuca me contaron que sólo tenía un folículo maduro, así que había pocas posibilidades… bajón enorme. Miguel tuvo que ir a hacer su parte para entregarlo a la hora que le indicaron. Mientras, Mariuca y yo nos quedamos en la habitación hablando y confiando que mientras hubiese uno maduro, había posibilidades. También le decía que si no salía bien, nos íbamos a una clínica privada para no tener que volver a hacer toda la lista de espera. Miguel volvió de hacer su parte y al poco rato me dieron el alta y nos fuimos a casa. Nos dijeron que a la mañana siguiente nos llamaría la embrióloga para contarnos si había fecundado. La tarde del viernes pasó rápido porque yo estaba cansada y dormí mucho. No tuve nada de dolor y nos animamos y decidimos no venirnos abajo y no perder la esperanza hasta que nos dijeran lo contario.

El sábado a las 8:30 de la mañana nos llamaron del laboratorio y… subidón! ¡Había fecundado! Nos pusimos muy muy contentos, y dijimos que era nuestro pequeño campeón. Era uno solo, pero estábamos convencidos de que iba a luchar mucho para salir para adelante. Nos dijeron que el lunes fuésemos para la transferencia, y que si había algún cambio nos llamarían. El fin de semana pasó más o menos bien, contentos por nuestro pequeño campeón pero algo preocupados por si no aguantaba hasta el lunes.

El lunes llegó y nuevo subidón! Nuestro pequeño campeón era de calidad A, la mejor que hay (que no suele ser muy habitual). Me hicieron la transferencia que no me dolió nada y le dije a mi pequeño campeón que nos veíamos dentro de 9 meses.

El siguiente paso era esperar 15 días y volver a hacerme análisis para ver si estaba embarazada.

Los dos primeros días te mandan reposo absoluto, así que muy tranquila en casa. Después me dieron la baja porque trabajaba en un almacén, y claro, coger peso, subir y bajar mil veces una escalera móvil, y demás, no es muy recomendable. La primera semana pasó más o menos bien hasta el domingo por la noche.

Al limpiarme después de ir al baño, descubrí que había manchado un poco. Fue horrible. Tan horrible que lo quise ocultar. No quería estropear los días tan bonitos que estaba viviendo con Miguel. Así que me sequé las lágrimas y me metí en la cama y simplemente abracé a Miguel. A la mañana siguiente, cuando llegó de trabajar, no podía más y me vine abajo y se lo conté. Le pedí perdón por no haberlo conseguido, me sentía fatal por mí, pero también por él. Se lo conté a algunas personas cercanas y me decían que tranquila, que podía ser el sangrado de implantación, pero yo estaba segura de que no era así, que era la regla. Aún así me seguí poniendo la progesterona porque me lo pedía Miguel.

Además, el viernes de esa semana falleció un familiar muy cercano que estaba enfermo, así que fue una semana horrible. Mi madre había contado a algunos familiares que estaba con la FIV y esos familiares me decían que seguro que yo estaba embarazada porque un fallecimiento trae un nacimiento y yo sabía que no lo estaba y era más horrible aún porque me sentía mal por ellos. Ellos confiaban en que les diese una pequeña alegría en esos duros momentos y yo sabía que no iba a ser así.

El lunes siguiente me hicieron los análisis y el martes me dieron los resultados de lo que ya sabía… no estaba embarazada. Ese mismo día por la mañana me bajó la regla del todo, así que ya estaba todo dicho.

Nuestro pequeño campeón no aguantó. Puede que alguno piense que aún no era casi nada, pero sí que lo era. Era el principio de una vida. Eran las primeras células de nuestro primer hijo.

Fue muy duro porque encima se juntaron las dos cosas. Pero bueno, poco a poco salimos y aunque escribir esto ha sido duro, la primera FIV es algo que forma parte de nuestro pasado y ahora estamos bien.

Un beso para todos y hasta la próxima!

Quería dar las gracias a Iñaki por dejarme su preciosa foto para esta entrada.

Mariuca por acompañarnos y hacerlo todo más fácil, a nuestras familias por preocuparse por nosotros y estar siempre ahí y a nuestros amigos.

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Showing 6 comments
  • Javier (el de Marian)
    Responder

    Precioso, Paola, me he emocionado al leerlo. Qué duros momentos tuvieron que ser. Ojalá la próxima sólo haya buenas noticias. Pediré por vosotros… y por la futura prole.

    • Paola
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      Sí que fue duro, pero bueno, ya pasó! Esperemos que la próxima vaya mejor. Muchas gracias Javi!

  • Estela
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    Querida Paola te entiendo bien. Entiendo el dolor y la fortaleza que luego esto os ha traído. A mi me pasó algo similar que ya te contaré. Es muy valiente lo que cuentas porque es muy difícil de explicar cómo una se siente y dar a entender cosas que sólo una misma (y uno mismo) ha sentido y son muy personales. Yo no sé explicar porqué también para mi esas primeras células que habitaron mi cuerpo un tiempo eran para mi mi primer hijo, aunque físicamente sólo fueran unas células, eran mucho más que eso para mi. Es difícil de explicar. Es algo que uno siente. Reitero que eres (sois) unos valientes.

    Un abrazo enorme a los dos.

    • Paola
      Responder

      Sí, a mi me daba cosa decirlo porque la gente a lo mejor no lo puede entender y a lo mejor para médicos o yo que sé no era nada, pero es que para mí sí, a partir de ahí seguiría creciendo y sería mi bebé, por eso esas células eran tan importantes para nosotros… Un besote!

  • Alfredo y Marisa
    Responder

    Queridos Paola y Miguel, cada vez que os leo me emocionado. Tanto amor depositado en una esperanza acabará teniendo su fruto. Eso es lo que, todos los que os conocemos y queremos, más deseamos. El vagón de vuestra montaña rusa no ha llegado al final, sigue acumulando energía para volver a subir y haceros llegar suavemente, después del último descenso, hasta donde tanto deseáis. Vuestra perseverancia por alcanzar lo que más anheláis y vuestra fortaleza harán que lleguéis al final del viaje mucho más felices que cuando empezasteis. Y, allí, os estamos esperando todos para abrazaros y compartir, emocionados, tanta felicidad.. Muchos, muchos besos y hasta pronto.

    • Paola
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      Jolin qué bonito tíos! Muchas gracias por esas palabras tan preciosas y por el cariño. La próxima vez que nos veamos por Rabanera nos achuchamos! Muchos besos!!

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